Café Mosqueto

Pablo e Iván son dos amigos de toda la vida, que cada cierto tiempo se reúnen a conversar de sus respectivas vidas. Tienen alrededor de treinta años. Pablo tiene una relación de pareja bastante tormentosa y un trabajo en una oficina de arquitectos bien remunerado, pero que no lo satisface. Iván es un diseñador de éxito, es homosexual, tiene una relación consolidada y muchos proyectos. La escena comienza con Martín (el personaje de la historia 1) preparando unos cafés. Los lleva a la mesa donde están Pablo e Iván y los deja. Luego nos quedamos con ellos, quienes han estado hablando y retomando su diálogo tras recibir los cafés. Pablo trata de convencerlo de que Daniela, su pareja, es una mujer como cualquier otra, que no es tan complicada como su amigo cree. Iván no le hace mucho caso y le pregunta por su trabajo. Pablo le habla sin demasiada emoción de las actividades que realiza y el tedio que le causan. Por su parte Iván, le cuenta de sus proyectos y de lo bien que le va. Hablan de la edad de ambos, los años que sobre todo a Pablo se le vienen encima. En eso entra al café la psicóloga de Pablo. Él se inquieta, no quiere que lo vea, trata de ocultarse pero ella lo ve. Iván no entiende qué le pasa ni por qué reacciona de esa manera. Pablo le dice que le ha dicho a su psicóloga que dejó el café, pero no le explica mucho dado que va a saludarla. Tras volver le cuenta que, como parte de la terapia, ella le había pedido que se propusiera algo simple, para que pudiera experimentar que sí tiene voluntad. La primera semana pudo hacerlo, pero a la segunda volvió a tomar café y no supo cómo decírselo a su psicóloga. Pablo se siente cada vez más miserable. Iván trata de subirle el ánimo, pero cada ejemplo que le da de su vida lo hace sentirse peor. Hablan de las psicólogas y los psicólogos. Pablo se siente un poco mejor, con lo que le dice su amigo. De pronto, inesperadamente, Iván le cuenta una historia de infancia, en que siendo muy pequeño mató con una piedra a un pequeño pajarito. Pablo no entiende nada. La escena termina con ambos yendo a fumarse un pito.

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